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Viva la incompetencia agosto 8, 2010

Posted by Tomás Horacio Hernández in Articulo.
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El despilfarro y los parásitos. Esa es la realidad que se fomenta en PDVSA. Para el año 2005 la empresa contaba con 49.180 trabajadores y una producción anual de 2,9 millones de barriles. Pero para el cierre del 2009 el número de empleados aumentó drásticamente a 91.949, produciendo estos solamente 3,01 millones de barriles. Es decir aumentó su personal en un 87% pero su producción en 4 años aumentó escasamente un 4%. De antemano observamos como el aumento del personal no se justifica ya que el crecimiento de la empresa como tal no se considera exitoso. Esa medida solo se puede catalogar como un fomento de la petrolera a contratar empleados parásitos o simplemente como la incompetencia de los trabajadores se ha convertido en la característica fundamental de esta “gran empresa”.

Esa medida es inaceptable y dañina para cualquier organización, publica o privada. Porque no esta cumpliendo con su objetivo principal que es el ser productiva. Demás esta decir que eso se observa en distintos organismos públicos. La sobre contratación no justificada es un hecho que desangra a las empresas y a las organizaciones. Es ingenuo pensar que a esos empleados no se les pide nada a cambio por esas contrataciones. ¿Han escuchado hablar de las personas que las obligan a marchar o a ponerse una franelita roja de vez en cuando? Y ni hablemos de la orden que viene de arriba a la hora de votar.

La incompetencia es algo que se evita, o en todo caso se trata de evitar, en las empresas privadas. A nadie le conviene contratar a mas personas de las necesarias, especialmente si eso implicaperder dinero. Asomar la idea de privatizar la principal petrolera del paísproduciría un infarto en la mayoría de los venezolanos. Pero debemos tomar medidas que le devuelven la productividad a dicha empresa y que ese hecho tenga como consecuencia la reactivación de la economía del país. De lo contrario seguiremos leyendo noticias que resalten el deterioro de PDVSA hasta llegar naturalmente a su quiebra.

@TomasHHR

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Petróleo-Presupuesto-Impuestos octubre 19, 2009

Posted by Manuel Andrés Casas in política nacional.
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Se ha mencionado que los venezolanos no reaccionamos de la manera adecuada cuando se está utilizando de manera indebida el dinero público. Podría decirse que en este punto somos bastante inmunes a cualquier tipo de reacción al respecto. Órdenes de nacionalización van y vienen, las empresas del Estado cada vez arrojan números más rojos, los regalos internacionales cada vez son más generosos, todo a la par de unos servicios públicos ineficientes y en los que se invierte poco por no decir nada. Sin embargo, toda la situación mencionada no logra obtener de los ciudadanos venezolanos (excluyendo uno que otro conspicuo personaje en medios de comunicación) una protesta contundente o indignación extendida.

Dicha práctica contrasta con la celosa relación que mantienen otros pueblos con respecto al presupuesto público, en los que un mal manejo del erario público provoca casi inmediatamente voces opositoras y rotundas protestas.

Considero que la razón de la discrepancia entre ambas reacciones sociales es mucho más racional de lo que pareciese a primera vista. Prima facie, podría atribuirse la diferencia de reacciones en cuestiones sociales, culturales y políticas, imputándole la falta de reacción venezolana a nuestra indiferencia política, a nuestra flojera o a la falta de seriedad de nuestras instituciones. No obstante, considero erradas dichas concepciones. De hecho, creo que la indiferencia del venezolano hacia la constante elevación del gasto público tiene una explicación muy sencilla (y mal que bien racional): en Venezuela, no existe y no ha existido nunca, una correlación entre gasto público e impuestos.

Simplemente es así. En otros lugares por cada programa social que se pretenda instaurar, por cada carga más que asuma el Estado los ciudadanos saben con certeza quién va a terminar pagando la cuenta: ellos. Ya sea directamente, mediante la creación de nuevos impuestos o el alza de los existentes, o indirectamente, a través de la impresión de nuevos billetes que acarreará ese escurridizo impuesto llamado inflación. En Venezuela, los ciudadanos también tienen claro quién pagará esa cuenta: El Estado, o mejor dicho, papá petróleo.

La renta petrolera y su control monopólico por parte del Estado han condicionado ese estado mental. Nadie asocia la nacionalización de empresas (y su ya empíricamente comprobado y casi inevitable arrojo de pérdidas al poco tiempo de pasar a manos estatales) con el alza de porcentaje del IVA, o con las cifras absurdas de inflación que tenemos. Está ya inserto en el imaginario venezolano que el gobierno obtiene sus recursos a través de la explotación de combustibles fósiles, y que es su labor distribuir dicha riqueza al pueblo.

Encontramos pues como la relación Estado-recursos-ciudadanos existe exactamente en ese orden. El Estado, encumbrado y bondadoso, es quien explota los recursos, obtiene las riquezas y las distribuye a los ciudadanos. Dicha relación entra en fuerte contraste con las sociedades donde los ciudadanos son quienes, mediante su trabajo y productividad, obtienen las riquezas, parte de las cuales van a mantener al Estado mediante el pago de impuestos. He ahí la razón por la que considero que el manejo del presupuesto público no es algo que particularmente preocupe a los venezolanos.

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