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No es culpa de Obama noviembre 5, 2009

Posted by Leonidas in política internacional.
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Se cumple un año de la elección de Obama, y parece buen momento para hacer revista de sus logros hasta el momento.406px-Official_portrait_of_Barack_Obama-2 Debo confesar que simpaticé mucho con el candidato republicano en las elecciones del 2008 (aunque al final me hubiera inclinado por Obama por el efecto Palin), con lo que algo de la inspiración de esta entrada viene de probar que Obama ha estado bastante lejos de cumplir las expectativas depositadas en él. Esto sin duda es parcialmente culpa del propio Obama. No por ineficaz, ojo, sino porque el mismo contribuyó tanto a crear unas expectativas tan exageradas de lo que podía lograr.

Vamos a comenzar por lo más básico. La gestión interna de Obama hasta el momento ha estado marcada por la lucha contra la recesión en la que Estados Unidos estaba al tomar la presidencia. Se suele asociar mucho a la recesión con Bush, lo cual creo que es una exageración de la capacidad del presidente de incidir sobre el ciclo económico, pero la realidad es que la economía gringa estaba hecha un desastre. Entre el paquete de estímulo y los diversos rescates bancarios se ha consumido buena parte de la energía y popularidad de Obama, dejándolo con menos para dedicar al resto de su agenda. Dicho eso, Estados Unidos está saliendo de la recesión, con alguna ayuda de sus medidas, entonces en esto al menos se puede atribuir un éxito.

En cuanto a la política exterior, los cambios han sido mucho más simbólicos que reales. Existe una cierta apertura a Irán y Norcorea, sin resultados hasta el momento. La salida de Irak procede a un paso no particularmente acelerado, y el número de soldados en Afganistán de hecho ha aumentado sustancialmente. El escudo de misiles en el Este de Europa aparentemente no va, aliviando sustancialmente las tensiones con Rusia. Se ha anunciado la intención de cerrar Guantánamo, pero por ahora ha sido sólo eso, una intención. Sin duda la recuperación de la imagen de Estados Unidos ha sido un gran éxito, pero en mucho existe una sorprendente continuidad con Bush. Lo cual otra vez no es malo: el “marketing” de Bush era tan terrible que hasta medidas sensatas suscitaban odio universal.

Es en política interna donde creo que Obama ha resultado una decepción para quienes creían que representaba un gran cambio. Porque la característica definitoria ha sido la inercia. Meses de negociaciones han llegado a un acuerdo precario en el tema de salud que puede colapsar en cualquier momento. Hay propuestas en la mesa para hacer algo contra el calentamiento global, pero nada que se traduzca a realidad. En inmigración ni eso hay. Se han implementado algunas medidas que favorecen a los sindicatos, pero nada para impedir su progresivo deterioro. La comunidad gay no ha logrado la eliminación del retrógrado “don’t ask, don’t tell” que impide que personas abiertamente homosexuales formen parte del ejército, ni hablar de otras cosas.

Atribuirle estos fracasos a Obama, sin embargo, es ir demasiado lejos. Creo que en el resto del mundo los debates y la discusión acerca de la presidencia nos dan una idea exagerada de su poder. El Presidente en Estados Unidos es sorprendentemente débil, aún cuando el Congreso está controlado abrumadoramente por su partido. El sistema está repleto de pesos y contrapesos, que hacen que un inmenso número de grupos de interés tenga que estar de acuerdo con una política para que esta pueda llevarse a la realidad. Vencer la inercia es sumamente difícil, a pesar de la popularidad de las medidas y el apoyo personal a Obama. Por eso, creo que aún es muy temprano para emitir un veredicto sobre Obama. Muchas de sus energías han sido consumidas en manejar la recesión, y el resto se ha ido en mover a un sistema rígido hacia el cambio.

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