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A decriminalizar se ha dicho septiembre 4, 2009

Posted by Leonidas in política internacional.
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Una de las cosas que siempre he envidiado de la blogósfera gringa es el debate. Los blogs de política gringos no suelen ser monólogos, sino diálogos entre personas pensantes. En el espíritu de propiciar el debate aquí, quiero contestar a una entrada que recientemente me refieró un amigo, y que se encuentra en un blog de concepto bastante similar a éste. Si les da flojera leerla (aunque sugiero que lo hagan), en resumen se trata de un ataque a la noción de “legalizar” las drogas. No queda del todo claro, pero legalizar parece incluir también cualquier acción liberalizadora en este ámbito.

Aterricemos la discusión un pelo, además aprovechando para expresar un principio al cual espero permanecer fiel. No está en la agenda pública en ningún país que yo conozca la noción de legalizar las drogas. Aunque exista un grupo de personas, incluyéndome a mí, que aboga por esto, es irreal suponer que algún país legalizará plenamente el consumo, producción y distribución de drogas más allá de la marihuana. Por lo tanto, presentar los pro y contra de la legalización puede ser muy interesante, pero al mismo tiempo inútil. A los liberales nos encanta caer en la trampa de discutir propuestas que no tienen el más remoto chance de hacerse realidad, lo cual contribuye muchísimo a aislarnos y nos hace parecer unos locos. En el caso de las drogas, lo que se está proponiendo en la vida real son diversas formas de descriminalización del uso y posesión de drogas, no su plena legalización. Por lo tanto, tiene sentido discutir lo primero, no lo segundo.

Volviendo al tema, el primer problema que tiene la argumentación de Andrés sobre las drogas es que mezcla a la legalización con la liberalización. Lo que está pasando en Argentina y se aprobó en Méjico es la descriminalización. Esto quiere decir que la compra, consumo y posesión (hasta cierta cantidad) de drogas sin dejar de ser ilegal, ya no será castigado con sanciones criminales (cárcel), sino con sanciones no criminales (tratamiento). Por lo tanto, la descripción de las consecuencias de la legalización sencillamente no es relevante para el debate actual.

Lo que si es relevante es ésto:

Uribe y Calderón, personas que le han dado buena batalla a los carteles y al consumo de droga en general, parecen haber flexibilizado las leyes al consumo. Esto no es nuevo, todos los organismos dedicados a este tema (DEA, gobiernos latinoamericanos, CEPAL, la ONU, la OEA, etc.) han diferenciado las estrategias supply-side, con las estrategias demand-side. Es decir: o una estrategia que ataque la oferta, o una estrategia que ataque la demanda.

Señores esta estrategia está destinada a fracasar: ¿de qué sirve atacar a los carteles si cada vez crece más el mercado de consumidores? Si en Venezuela cerraran todas las casas de bolsa y sociedades de corretaje, ¿eliminarían el dólar paralelo? Evidentemente que no, porque donde hay consumidores hay mercado.

La estrategia es clara para mí la estrategia de aumentar el precio ilegalizando la producción y el consumo es fundamental: cierras una gran parte del mercado. Sin embargo, la única estrategia sostenible a largo plazo que promete acabar con el problema es el fortalecimiento de la familia. Una familia con valores, con metas, una familia virtuosa. Nadie dijo que este era el camino fácil, usualmente lo correcto es el camino más difícil.

Vamos a ser claros. La primera estrategia que propone Andrés no está destinada a fracasar. Ya fracasó. Estrepitosamente. 4 décadas de “guerra” contra las drogas han tenido un impacto mínimo (si existente) sobre el consumo de drogas. Los países con políticas antidrogas más fuertes no tienen menor consumos que otros, sino todo lo contario. Un estudio de Science Daily reporta que fue Estados Unidos, quizás el país del mundo que más fielmente ha aplicado la estrategia de Andrés, el país con mayor tasa de consumo de cannabis y cocaína. La estrategia no solo ha fracasado en prevenir el consumo. La criminalización del consumo ha llevado a cientos de miles de consumidores a la cárcel, que comparten con ladrones, asesinos y violadores. Además, impide que los drogadictos busquen tratamiento y dificulta los esfuerzos para atenderlos. El precio de estos éxitos, en Estados Unidos, es de $40 mil millones al año.

Frente a esta estrategia tenemos ejemplo de Portugal, que en el 2001 decriminalizó el uso de las drogas. Un estudio del Instituto Cato determinó que “la decriminalización no ha tenido efectos adversos en las tasas de uso de droga en Portugal”, tasas que por lo demás ya se encontraban entre las más bajas de Europa. Eso sí, ha permitido un mejor trato de las personas que sufren de drogadicción. En vez de ser perseguidos por la policía y mandados a la cárcel por fumarse un porro, ahora pueden conseguir tratamiento para superar su condición. Las muertes relacionadas con drogas han bajado y la transmisión de enfermedades por uso de drogas ha bajado. No digo que estos indudables éxitos se repitan en exactamente Argentina y Méjico, pero son causa de optimismo.

Sobre la segunda estrategia, la de fortalecer a la familia, debo decir que aunque seguramente tengamos conceptos distintos de familia, no dudo que las familias fuertes reduzcan el consumo de drogas. El problema es que conseguir promover a la familia desde el Estado es punto menos que imposible.

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