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¡No soy un muerto de hambre! diciembre 16, 2010

Posted by Tomás Horacio Hernández in En las rocas.
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Eso le gritaba eufóricamente un chamo que empacaba las bolsas en el supermercado a otro. Yo no entendía bien la discusión pero la cajera rápidamente me la aclaró. El chamo que gritó al principio no se quería dejar quitar su turno a la hora de empacar, eso era todo.

Mi sorpresa vino al seguir escuchando cuidadosamente al muchacho. “ Yo tengo 6 años “paqueteando” en los mercados y no me voy a dejar fregar así de fácil”.  Su afirmación la decía con rebeldía y orgullo. Al verle la cara de adolescente, no aguanté la curiosidad y le pregunté su edad. “Acabo de cumplir 15 años”, respondió. Su respuesta me dejó desmoralizado del país en donde vivo.

Actualmente Venezuela está inmersa en una discusión sobre interpretaciones de cifras y de indicadores. Mientras unas fuentes, tanto nacionales como extranjeras, ubican a nuestro país como el tercer país más corrupto del mundo e identifican nuestra inflación como la más alta de América Latina, otros desechan estas acusaciones catalogándolas como falsas y amarillistas. Decenas de organizaciones demuestran a través de investigaciones y encuestas el deterioro en general de los distintos sectores productivos del país, sin embargo para los rojos los contratiempos que ha tenido su revolución han sido y serán culpa del capitalismo. Ejemplos como estos hay muchos, pero ninguno justifica la situación del supermercado.

Entre los simpatizantes del régimen y los opositores al mismo se puede armar una eterna discusión sobre la percepción de la realidad que vivimos. Pero sin importar la tendencia política  o el estrato social en el cual se ubique una persona, el hecho de que en un país los niños entre 9 y 12 años tengan que trabajar para poder comer demuestra claramente que la situación que atraviesa el país es un desastre.

Los niños deben ser niños y deben quemar sus etapas adecuadamente. Deben asistir al colegio, hacer deporte, actividades culturales, jugar, en fin, deben disfrutar su niñez. Al saltarse esa etapa por una necesidad económica, se corre un gran riesgo en la formación de ese individuo. Por lo general esos niños son candidatos potenciales para dejar el colegio, aumentar su tiempo libre e involucrarse en  los vicios. Esa realidad es una desgracia que sufren muchos niños de nuestra querida Venezuela.

Si de verdad pensamos que los chamos son el futuro, no importa si eres rojo, amarillo o verde, el hecho que los niños estén trabajando nos debe alarmar y preocupar enormemente. Si no se hace algo al respecto, el futuro próspero y deseado para nuestra juventud  será tan probable como ganar en un juego de azar.

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