jump to navigation

Cuentos del Nula I: la llegada octubre 21, 2010

Posted by Manuel Andrés Casas in Sin categoría.
Tags:
trackback

Este agosto tuve la oportunidad de ir a trabajar un mes en El Nula, pueblo de 14.000 habitantes ubicado en la parroquia San Camilo del Municipio Páez (capital Guasdualito) del estado Apure. O, mejor dicho: uno de los últimos pueblos en la frontera de Venezuela con Colombia.

Como es un sitio bastante interesante me voy a poner a echar todos los cuentos de por allá, ya que creo que es una realidad bastante sui generis y que su difusión (aparte de los ya infames documentales de CNN) sería provechosa.

La llegada: llegar al Nula es bastante complicado, no perdería tiempo en esto de no ser por las características odiséicas de nuestro viaje. Salimos embarcados en los nefastos expresos los llanos, como a las 2 horas de camino se nos espichó un caucho. Una hora después el aire acondicionado se dañó (y es de los autobuses en los que no se pueden abrir las ventanas). Dormido en el sopor pegajoso en el que uno inevitablemente se suma con semejante calorón, dormía plácidamente cuando un raquataplancpafpufplingverghhhgkghgh (léase: sonido espantoso) me despierta y siento el autobús dando tumbos.

La caja se había dañado. Ya no podíamos seguir. Nos arrean a todos para que nos bajemos, estamos antes de que amanezca en un pueblo anónimo de la llanura venezolana (o de la carretera que atraviesa la llanura), que me enteré, después de comprar una Coca-Cola, se llamaba: Curbatí, estado Barinas (nunca nos debemos referir a él sólo como Curbatí, hay que hacer referencia expresa a que está en Barinas). Donde supuestamente debíamos esperar a que otro autobús de la línea nos buscara. 3 horas entre el caluroso polvo y la soledad de Curbatí y nada que nos rescataban. Después de que muy elegantemente el chofer del autobús nos mandará para la mierda decidimos encaramarnos en el primer autobusito Encava que pasara por ahí con dirección a San Cristóbal.

4 horas más en el autobusito llegamos a otro pueblo anónimo de la carretera venezolana, la diferencia siendo que éste era un pueblo anónimo de los andes. San Rafael del Piñal (o el Piñar, todavía no sé). Ahí nos informan que la vía a San Cristóbal está cerrada porque hubo un derrumbe, repitiendo nuestro mantra de tu ne cede malis recogimos nuestros corotos y nos dispusimos a atravesar el pueblo para encaramarnos en otro autobusito encava, en el cual escuchamos vallenato todo el camino hasta que terminamos de llegar al Nula.

Una estación de gasolina tomada por las fuerzas militares es la bienvenida que el pueblo nos ofrecía, adornada con un largo rosario de carros esperando para poner gasolina, la bomba sólo trabaja unos días a la semana, los acalorados conductores tendrían que esperar más de un día para llenar el tanque. Una calle semipavimentada, repleta de pequeños comercios (y, misteriosamente, por bastantes tiendas naturistas… ) servía como calle principal, la torre del campanario de la Iglesia Católica (la proliferación de sectuchas paganas hacía necesario agregar la distinción de Católica) que sería de unos tres pisos de alto, era la edificación más alta.

Anuncios

Comentarios»

No comments yet — be the first.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: