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La Venezuela Melancólica agosto 21, 2010

Posted by sinelchivoysinelmecate in Articulo, Colaborador.
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De Jordy Enrique Moncada Cartaya

Con el paso lento e inestable de quien viaja sobre el lomo de una mula mal alimentada, quizás con los Andes venezolanos de testigo, los días nos sumergen en recuerdos que no existieron, en momentos que no vivimos y hoy quisiéramos vivir, como sabemos es casi instintivo buscar la felicidad y desembocar en la tristeza, en la resignación que supone la melancolía.

Así avanza Venezuela, orgullosa de su Bicentenario, suponemos entonces que ya es hora de sentar la cabeza o debemos comenzar a escribir el testamento de esta adolescente que nos acoge cada vez que despertamos y seguimos respirando.

El petróleo y los constructores del último traje que visten los seres humanos, generalmente de madera, son nuestras mejores industrias. Petróleo que día a día extraemos menos y regalamos más, urnas que día a día construimos más y queremos menos. Y en cada tumba que visitamos nos damos cuenta que después de muertos no importan ya los vicios.

Con o sin foto las urnas llegan con prisa y es inevitable sentir nostalgia por esa vida que no sucedió, la nostalgia es mucho más fuerte que mil imágenes y hace mil veces más daño.

En un país en donde los mayores imponen sobre los jóvenes, necesitaríamos millones de jóvenes que repunten y levanten la lógica bandera de que si los mayores lo vienen haciendo mal, lo más sensato es darles paso a los jóvenes. Pero en un país tan joven y tan viejo muchas veces dejamos que el día termine sin siquiera medir si hemos crecido.

Nuestra enamorada eterna, sigue tambaleándose en su andar, encerrándose en su rutina de maquillaje y de viajes sin recuerdos. Buscando una primavera que nunca llegará, por el simple hecho de que no tenemos primavera, algo que olvidaron hace muchos años cuando construyeron esas autopistas con una brecha en el medio para apilar la nieve, incluso compramos las máquinas para recoger esa nieve que seguimos esperando para poder empezar a soñar con la obligada primavera que debería seguirle.

Somos unos aprendices resignados a no buscar la verdad en los labios y en el alma, por eso a Venezuela la sigue besando otro, con barba y cada día más viejo, al menos quien le de la extremaunción seguro ya es sacerdote.

Con la seguridad que da volver luego de huir, después de llorar por no llorar, sigue quedando un vacío en el estómago de esa Venezuela impregnada de la droga que es la melancolía, sola con su suerte, enfrentando a la mentira que tiene fuerza de ley y a la desidia con la que camina el niño de la calle cuando estrena a las aceras.

Y cuando la encontremos ya sin mula, por haber muerto de hambre, ahí donde sólo queda el olvido, nos daremos cuenta que la vida sigue pasando con o sin sentido.

jordyenrique@gmail.com
Twitter: @JordyMoncada

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