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Emancipación del siglo XXI julio 20, 2010

Posted by Manuel Andrés Casas in Actualidad.
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El letargo que nos quieren imponer mediante la reiterada repetición de nuestra incapacidad es la amenaza más grande que yergue sobre el soporte de toda sociedad civilizada: la fuerza transformadora de los individuos

Por alguna extraña razón me preocupa que muchos de mis contemporáneos, si acaso no la mayoría, están cayendo en el sopor (¿auto inducido?) que implica nuestra reducción a pasivos observadores conformistas, con las manos atadas y sin ninguna posibilidad de transformar la realidad que nos rodea. Francamente es una trampa en la que es fácil caer. El mundo globalizado nos lleva a pensar en términos de que somos una gota de agua en el mar, cuyo efecto rara vez tendrá algún tipo de repercusión relevante.

Sin embargo considero que sucumbir a este fatalismo, que evidencia nuestra insignificancia, nuestra futilidad como seres, es negar nuestra esencia como individuos. Negar la posibilidad que tiene una persona, sí, una dentro de los 6 billones y contando que habitan el planeta, de tener un impacto copernicano en el devenir histórico de la humanidad es simplemente negar nuestra condición de individuos. Pues al considerarnos individuos estamos implícitamente aceptando que tenemos la capacidad de ser excepcionales, que podemos tener la determinación de liderar una insurrección solitaria contra el tiránico status quo, que nos rehusamos vehementemente a someternos a los designios de las situaciones preexistentes que nos rodean.

El hecho determinante, no obstante, radica en la posibilidad de que esa chista, capaz de desencadenar los desenfrenados eventos marinados en locura irracional que nos llevan a emprender quijotescas cruzadas revolucionarias tenga la resistencia suficiente para perseverar ante los embates incontables que encontrarán antes de su desenlace.

¿pasión o locura? O por qué no, locura apasionada. El miedo a emprender, a tener metas propias, metas grandes, es lo que tiende a paralizarnos, a impedir que intentemos llevarlos a cabo. Es nuestra degeneración en vulgo colectivo; nuestra degeneración como individuos. Nuestro miedo al fracaso, del ridículo, del escarnio público, no son más que flagrantes demostraciones de las cadenas y grilletes que nos ha impuesto el tirano. Es la confirmación de la frase acuñada por Einstein que dice que “los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres”.

Es por eso que resulta obligatorio ser rebeldes, abolir los “no podrás”, eliminar los “eso no es posible”, mandar pal carajo la sarta de imbecilidades conformistas con las cuales los mediocres y los tibios tratan de disuadirnos de perseguir nuestro camino.

Esa es la revolución del individuo. Esa es la emancipación de la sutil esclavitud que la mediocridad del siglo XXI discretamente nos impone…

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