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Nostalgia por un abrazo que no recuerdo enero 21, 2010

Posted by Manuel Andrés Casas in política internacional.
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Un resultado anunciado a las 5 de la tarde (y eso que el sistema de votación es manual ¿será que la panacea del voto electrónico no es tal?). Un aspirante derrotado que al conocer el resultado se dirige a felicitar sin ningún tipo de miramientos a su rival. Una mandataria saliente que llama al presidente electo para felicitarlo por su triunfo. La –idílica- escena descrita no ocurrió en Suiza o Noruega. Sucedió en un país de nuestro continente que hace menos de un cuarto de siglo se encontraba sumido en el más puro autoritarismo.

La escena trascrita me genera una serie de sensaciones: la conclusión obvia sería que me produce envidia; envidia de los habitantes de un país que, tras pasar momentos álgidos, posee un desarrollo económico envidiable y una democracia consolidada. Mas no es así, la situación que se vivió en Chile no me produce envidia: me produce nostalgia (si es que puede tenerse nostalgia por una situación que uno no vivió, sino que meramente leyó en libros de historia).
Nostalgia similar a la que puede sentir un pelotero ya envejecido cuando ve una fotografía de su juventud atlética. Añoranza de que, en un momento histórico, cronológicamente tan cercano pero a la vez tan alejado de la memoria de los que actualmente somos jóvenes, Venezuela se erigía como un asolado bastión de la democracia y de las libertades civiles en un continente asediado por la dictadura.

No soy un apologista de la Cuarta República –ni de la manía de ponerle números aleatorios a las repúblicas- si hubiese sido perfecto no estaríamos donde nos encontramos. Pero no puedo evitar sentir nostalgia al considerar que en la segunda mitad del siglo XX Venezuela vivió transiciones electorales que llevaron el poder de un partido a otro y que, oh fortuna, fueron sobrellevadas de manera democrática.

No quiero entrar en conmisceraciones relativas a en qué parte del camino nos desviamos del propósito ulterior. No existe un mapa prefabricado que nos indique que coordenadas debemos seguir para vivir civilizadamente. Lo que francamente sí me afecta es que, en ese tiempo, indiscutiblemente, existía la voluntad para trazar nosotros ese mapa.

Pero ánimo, no me atrevo a afirmar que vivir democráticamente es como montar bicicleta (que basta aprenderlo una vez pues nunca más se olvida), pero sí a decir que esas experiencias históricas exitosas están –de una manera u otra- incorporadas al ideario común del venezolano.

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Comentarios»

1. Kepler - enero 21, 2010

Muy buen artículo. Gracias

2. Jen - enero 21, 2010

Ay, me dio cosita melancólica y todo 😦

3. sinelchivoysinelmecate - enero 22, 2010

¡Gracias! Esperemos que esa nostalgia se vea forzada a desaparecer.


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