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Entre reformas y reelecciones septiembre 3, 2009

Posted by Manuel Andrés Casas in política internacional.
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Antes que nada me disculpo por lo reiterado del tema jurídico, pero pareciera que las abominaciones jurídicas están en plena temporada.

El voto del Legislativo colombiano que aprobó la solicitud de referendo popular para admitir la reelección del Presidente es francamente lamentable. Sin embargo, todavía quedan dos opciones para frustrar esta propuesta continuista. La primera (dudosa) sería que el Tribunal Constitucional colombiano ANULE por inconstitucional dicha propuesta. La segunda (dudosa también) sería que el pueblo colombiano derrote la propuesta en las urnas.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para seguir reflexionando acerca de la obsesión (mancomunada en América Latina) de cambiar las constituciones como si de medias sucias se trataran. Cabe citar al célebre jurista argentino Ricardo Haro, quien al reflexionar acerca del tema nos comenta: “debemos abandonar el fetiche racional-normativista que nos atormenta a los latinoamericanos”.

Fetiche racional-normativista suena como un término horrible e indigerible. Pero creo que lo puedo explicar en términos sencillos: estamos obsesionados con cambiar los textos escritos, sin importar la realidad que se viva o la vigencia que tengan dichos textos en la práctica política y jurídica cotidiana. Este “fetichismo” nos lleva a reformar, cambiar, alterar, reinventar (inserte el verbo relativo a cambio de su preferencia acá) nuestras normas con una velocidad vertiginosa. Cambios que lamentablemente no se llevan a cabo en aquella realidad que exista fuera de las polvorientas gacetas oficiales.

Si quisiéramos ilustrar mediante un ejemplo la relación existente entre los cambios de nuestros textos legales y la realidad creo que uno adecuado sería el siguiente: La realidad vendría siendo uno de los traductores de televisión que deben, mediante señas, transmitir el mensaje televisado a aquellas personas con dificultades auditivas. El detalle radica en que la persona que está hablando (que por facilitar el trabajo del traductor procura hacerlo lentamente) habla a la velocidad que lo haría un hipotético equivalente de Marta Colomina en condición de hiperactividad inducida por una sobredosis de Cocaína y Red Bull después de enterarse que abolieron Unión Radio.

El resultado: un pobre traductor (la realidad) volviéndose un ocho mientras trata de descifrar la vertiginosa verborrea que brota de la persona cuyo mensaje intenta comunicar (las reformas legales) que sin duda sólo arrojan un traductor exhausto y enredado que produce un oyente (eh… ¿vidente?) que no alcanza comprender lo que justamente le parece un enmarañado indescifrable.

Propongo entonces que dejemos la llorantina perenne de “las leyes no se aceptan a la realidad social”, “necesitamos más normas para regular la vida” y cualquier aforismo similar. Pasemos mejor a cumplir unas pocas leyes, las suficientes para permitirnos vivir pacíficamente, tal vez, si logramos pasar algunos lustros sin dar cambios radicales que buscan reinventar el agua tibia mediante la nueva redacción de un texto constitucional fortalezcamos nuestra democracia y entremos en una era de progreso y estabilidad.

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