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Reeleccionismo Crónico septiembre 2, 2009

Posted by Manuel Andrés Casas in política internacional.
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Reeleccionismo crónico

Al momento de escribir esto se está llevando en el seno del Senado de la hermana república. Un debate que determinará el futuro de la propuesta de referendo planteada por el gobierno para permitirle al pueblo colombiano decidir si permitirá la reforma constitucional, la cual busca autorizar la posibilidad de que Álvaro Uribe sea nuevamente candidato a la presidencia.

Espero (creo que de manera ilusa) que el Senado colombiano rechazará dicha propuesta. No quisiera que dicha postura sea malinterpretada como una consecuencia directa de mi nacionalidad (venezolana) ni mucho menos como mero (y usando un término que escuché hace poco y me parece nefasto) ·oposicionismo”.

Tener una postura que sea cónsona con los postulados del Estado de Derecho implica creer en la alternabilidad en el poder, cosa que creo que va más allá de una coyuntura política como la que está viviendo actualmente América Latina. No está demás decir que es preocupante la popularidad que está tomando la costumbre de reformar constituciones para permitir más reelecciones de las que son convenientes.

Sin embargo, a lo que quiero llegar es que esta tendencia, por lo menos en el caso venezolano, no es nada nuevo. En la historia venezolana abundan los casos en los que se ha pretendido reformar la Constitución para hacer legal la permanencia en el poder de los gobernantes de turno. Para mencionar sólo algunos de los más conspicuos casos de atentados (exitosos o no) de dichas reformas encontramos a las que intentaron: Guzmán Blanco, Andueza Palacios, Cipriano Castro y Gómez, por sólo nombrar personajes de hace 100 años.

¿Qué será entonces ese factor que hace que los gobernantes tiendan a buscar su permanencia en el poder? Buscar responder esta compleja pregunta de manera sencilla resultaría demasiado ambicioso. Pero creo que podemos señalar tres elementos como factores clave de la mencionada tendencia.

En primer lugar, la desmesurada arrogancia en la que tienden a sumirse los gobernantes cuando están teniendo un período presidencial medianamente exitoso; esto contrasta con el segundo elemento, el cual vendría siendo la creencia, producto de tal vez nuestra falta de autoestima colectiva, de que no hay otra persona capaz de asumir el cargo. En tercer y último lugar creo que la debilidad crónica de las instituciones de nuestro país es responsable de permitir que el Poder Político ande rampante e ilimitado.

Sin lugar a dudas es menester que dejemos de tener ciegas –e irracionales- esperanzas en liderazgos mesiánicos que vengan a arreglar desde arriba los problemas de nuestras sociedades. Sólo desde instituciones sólidas aunadas a una conciencia cívica uniformemente esparcida por la sociedad es que lograremos deshacernos de el fantasma reeleccionista que desde hace siglos azota nuestro continente.

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